(Dijo el Señor:) Con amor eterno te he amado; por eso, te prolongué mi misericordia. Jeremias 31:3
Las cosas no estaban saliendo como lo había planeado. Me sentía frustrada, confundida y muy enojada.
Mi esposo y yo necesitabamos tomar una decisión importante. Todo indicaba que la sacrificada sería yo. El enojo que sentía hacia mi esposo se acrecentó.
Luego, en una reunión de amigos alguien le preguntó: Si tú murieras y pudieras regresar, ¿qué te gustaría ser? Él contestó: ¡El segundo esposo de mi viuda!.
En ese momento comprendí que, sin importar la decisión que tomaramos, él estaría conmigo como lo había prometido el día que hicimos los votos conyugales. Todo ¡solo por amor!
El amor de Dios es así: nos sorprende, nos cautiva, nos enaltece, nos hace dignos, nos da la seguridad de que él estará a nuestro lado en los momentos más difíciles. No importa si nuestra vida da giros inesperados o si la incertidumbre para tomar decisiones nos agobia. Él nos ama y su amor es incondicional y eterno.
Muchas veces sentimos que Dios nos abandonó, sin embargo al pasar la prueba nos demuestra que no solo nos solucionó el problema, sino que además, nos sigue llevando cargados en sus brazos. No debemos desesperarnos, Dios jamás nos abandonará.
ResponderEliminar